#X1 CAMPO CON FUTURO

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Por Moisés Reyes Fausto (Dirigente Social Campesino)

El movimiento campesino se enfila hacia un nuevo fracaso en sus
aspiraciones de construir una reforma profunda a las políticas de
Estado, para transformar una de las actividades más nobles de nuestra
economía como lo es la actividad generadora de materia prima para la
industria alimentaria, así como de alimentos frescos de consumo diario
en las mesas de todos los mexicanos.


Las señales de una gran recesión a nivel Mundial el próximo año no son
alarmistas, son reales y para muestra lo que pasa en los Estados Unidos, en
donde, desde hace 3 años, su economía esta siendo sostenida de
manera artificial con la impresión de billetes verdes para evitar la
recesión, lo que pone en evidencia la debilidad de la economía no solo
de Estados Unidos sino de la mayoría de las potencias económicas del
mundo.


Esta amenaza global nos tiene que empujar hacia el fortalecimiento de
las actividades agropecuarias para garantizar una mayor producción de
alimentos, no solo para mantener reservas de alimentos en los
mercados de abasto nacional, sino para garantizar que la población que
tiene problemas de pobreza alimentaria tenga garantizado el acceso a
alimentos de primera necesidad, a través de la producción para el
autoconsumo.

Cuando menos de los casi 30 millones de mexicanos que
viven en las zonas rurales de nuestro país y que tienen acceso a la tierra
a través de sus derechos ejidales, pequeñas propiedades, aparcería,
comodatos, rentas etc.


Este sexenio esta por terminar y uno de los saldos pendientes es el
campo, si bien es cierto que los programas Gubernamentales
sembrando vida, producción para el bienestar y precios de garantía,
sirvieron para fortalecer la economía de pequeños productores para el
autoconsumo y sus esquemas de comercialización, lo cierto es que es
ínfimamente insuficiente para generar los esquemas de productividad
que se requieren y detonar en el desarrollo económico de miles de
regiones agropecuarias del país.

A esta escasez de recursos y de políticas públicas, le sumamos que
Los Gobiernos de los Estados, se colgaron de los apoyos federales y
no desarrollaron esquemas propios de apoyo a la productividad
agropecuaria y llegaron como en el caso del Gobierno de Veracruz, a
esquemas miserables como el de apoyo a esquemas de traspatio con
paquetes de semillitas, herramientitas y enseñarles a sembrar en sus
patios, como si nuestros campesinos veracruzanos necesitaran de un
Gobierno de miserias.


Hoy, inmersos ya en un proceso electoral para elegir Gobernador,
Congreso local y Federal y la Presidencia de la República, lo que menos
les importa a quienes pretenden subirse al barco del próximo sexenio
es el campo.


No aparece en la agenda de sus prioridades el tema del rescate del
campo, de la reforma que nos quedó a deber Peña Nieto, pero también
Andrés Manuel, y que si no logramos que la sociedad rural se organice
y empuje su propia agenda, el campo seguirá siendo solo un botín
político nuevamente.


El movimiento campesino en lugar de andar de comparsa de los
partidos políticos, debería buscar la unidad para construir una agenda
común que recoja los anhelos de las clases campesinas y la empujen,
para que los candidatos a los diferentes cargos de elección, la hagan
suya, y la impulsen para que se integren en las plataformas de sus
candidaturas.


Si auspiciamos la división que de por si tiene el movimiento campesino,
seremos responsables de cavar la tumba en donde será enterrado el
campo mexicano el próximo sexenio.

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